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Desde nuesta salida del cafe en el que nos hemos regalado con una Croustade con Armagnac, el camino hasta Sant-Vincent-Rive-d’Olt ha sido un continuo peregrinar por la extensa niebla que cubre estos campos. Solo el encuentro con las viejas garitas de los vigilantes de los viñedos de Cahors, interumpía el monótono avance de estos vagabundos.

Dicen aquí que San Vicente es el patrón de los vignerons, y por ellos, grandes benefactores de la humanidad, y por todos aquellos que disfruten de las celebraciones junto a quienes consideran los suyos, bridaremos en pocas horas en este hermoso, perdido y solitario lugar, antes de irnos a descasar para mañana continuar nuestro camino.

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