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– Jamás podré negar una moneda a alguien que canta el “Let it be”. No puedo. Más aún si lo hace tan bien.

Corríamos por los túneles del metro en Pigale algo despistados, y según dejamos la moneda detuvimos en seco nuestro paso. Veíamos poco claro en el mapa cuál de los caminos que teníamos frente a nosotros era el que debíamos seguir para coger la línea dos hacia Pere Lachaise. La cantante, que vio en lo que estábamos, aprovechó el momento instrumental de la canción para preguntarnos a través del micrófono por la dirección que queríamos tomar, y decirnos luego el camino que debíamos seguir. Curioso hasta dónde le pueden ayudar a uno las canciones de los Beatles…

Unas horas antes, Josef, o como se escriba en Rumano, nos deleitó con su habilidad al violín mientras viajábamos en la 12 en dirección a Montmartre. Mientras pasaba la gorra nos oyó hablar en castellano y preguntó por España:

– Viví 10 años en Burgos de la música, como ahora hago aquí, y bastante bien. Pero cuando empezó la crisis me vine a París a casa de un primo. Allá, ya no se podía vivir.

Pensé que sería mejor que siguiera allá, pues del país de que salió poco se puede esperar.

Ahí arriba, en las calles de Montmartre, perseguimos el recuerdo de aquellos artistas que protagonizaron los días de la bohemia, visitando los lugares en los que vivieron, aunque de su paso no quedara nada en algunos casos: Renoir en el número 8 del allée des Brouillards, Seurat en el 39 de la rue André Antoine, Signac en el 20 de la avenida Clichy. También buscamos a Degas, que pasó sus últimos años en el 6 del boulevard Clichy; a Tolouse-Lautrec que trabajó en la calle Frochot y antes en el 21 de la calle Caulaincourt, en la esquina con la calle Tourlaque; por cierto que este último estudio fue ocupado después por el dibujante Steinlen. Forain ocupó el 64 de la calle Lepic, en el 54 de esa misma calle vivió y trabajó Van Gogh, acogido por su hermano Théo. Cezanne ocupó un pequeño estudio en la Villa des Arts en el 15 de la calle Pierre-Ginier, y Emile Bernard vivió en el 12 de la calle Corlot, lugar que compartió en repetidas ocasiones con Gaugin tras conocerse en Pont-Aven… Y así unos cuantos más, señalados a mano en un mapa para visitarlos de la manera más ordenada posible, y terminar en el que fue quizá uno de los lugares más emblemáticos: el Bateau-Lavoir, en el 13 de la calle Ravignan.

Más allá, a unas cuantas paradas de metro, salimos a curiosear al Boulevard Haussman. Sin duda este es otro mundo. En torno a las tiendas que hay por estas calles pululan, además de mucho curioso, lo mejor de la sociedad parisina, gente muy guapa y modélica, mezclada con lo más pudiente del mundo, incluidos países que no acaban de superar una crisis como es el nuestro… Curioso ¿no?

Unas obras muy oportunas, y algún día que tocaba festivo de manera también muy acertada, hicieron que durante nuestra estancia en Paris, nos fuera imposible visitar el Museo de Cluny. O lo hacíamos el día de la marcha, esperando en la puerta a que abrieran para saltar a encontrarnos con algo muy importante en poco más de media hora para no perder el tren, o renunciábamos a ello. Por supuesto, optamos por el riesgo. ¿Qué era lo que esperábamos encontrar? Un tesoro, ¿cómo no? : la parte del de Guarrazar que, según se cuenta, el diamantista de Toledo vendió al gobierno francés… Y no sigo, que de todo eso, espero seguir contando algo otro día.

El de hoy, por de pronto es el de mi 9 cumpleaños como blogero, lo cual me llena de orgullo y cierta perplejidad recordando que cuando empecé, lo hice sin ningún afán de perdurar demasiado, ni confianza en que esto sirviera para algo. Me confundía doblemente. Entre otras muchas cosas por lo mucho que he aprendido a través de la escritura, y el intercambio de pareceres y conocimientos con todos los que dedicáis alguna parte de vuestro tiempo a estas cosas de los blogs. Me confundía pues me ha ayudado a conocer a gente de que otra manera no lo hubiera hecho, algunos de los cuales llevan visitándome desde casi el principio. Me confundo cada vez que pienso en dejar esto, pues ya forma parte de mi y de la manera que tengo de contar determinadas cosas.

En lo que no espero confundirme es en la seguridad de llegar a la mágica cifra de los diez años, y en la esperanza de poder seguir compartiendo con todos vosotros lo que a este juntapalabras se le ocurra. Que así sea.

“Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!”

[audio https://dl.dropboxusercontent.com/u/59808824/04%20-%20John%20The%20Revelator.mp3 ]

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