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Y mi relato de hoy comienza así:

“Aquél día nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años…”

Fue hace ya 5 años ¿lo recuerdas?, cuando tras una noche en vela, paseándonos sin poder dormir por la habitación, y con la única compañía de la silenciosa nieve cayendo sin parar al otro lado del cristal, llegó él, nuestro pequeño: el ruidoso y juguetón Iago.

¿Lo recuerdas?

Como no…

Y con su llegada cerramos un periodo oscuro, triste, de cuya memoria sólo queda, afortunadamente, el saber que tuvo lugar y que aquél día desapareció para siempre.

Ahora sólo nos queda recordárselo una vez más, como todos los años:

Egun horretan, orain dela 30 edo 40 urte ez bezala, elurra bota zuen…

Mientras desde lo más íntimo de nuestro ser, una voz suave, sedosa, como el sonido imperceptible de la nieve rozando el aire,le susurrará:

… eta hortik aurrera amodio erraldoiaz bete zenituen gure bihotzak.

(… y desde entonces, has llenado nuestros corazones de un amor inmenso).

Feliz cumpleaños, hijo.

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