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Hay una costumbre que conservo en mí desde que tengo uso de razón, y es la de abandonarme al silencio más profundo cada vez que en las cuerdas de mi sensibilidad se combina la melodía precisa.

Regresar al mismo lugar después de once años, y seguir sintiendo lo mismo, me ayuda a confirmar que hay cosas en mí, las que más me interesan cuando trato conmigo mismo, que no han cambiado… Y lo más importante: que a pesar del tiempo pasado, aquél que fué, sigue en cierto modo aquí.

(Óbidos, julio 2013)

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