cerca trova

Hará cosa de un año que se armó un revuelo terrible entre los expertos y aficionados al arte. Desde siempre, se ha tenido por sabido que bajo un fresco de Vasari representando “La batalla de Scannagallo” que hay en la la sala de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, se ocultan las primeras pinceladas de uno de Leonardo representando otra batalla: la de Anghiari.

Así pues, a principios del 2012, un grupo de “especialistas” lo prepararon todo para ver que había de cierto en ello, y descubrir lo que podía quedar del de Da Vinci. Parece ser que hasta los de National Geographic pusieron dineros para ello, tan necesitados como están de pienso para su canal de documentales: ya nos han mostrado el rostro de Cristo, los misterios de las alcantarillas de Ohio y la implicación de los extraterrestres en el asesinato de Kennedy, así que un nuevo Leonardo podría ser canela fina.

El caso es que la cosa saltó a la prensa, pueden verse por ejemplo en la red fotografías de los agujeros que practicaron al Vasari para sus pesquisas, y terminó por concluirse que, de seguir así, lo que se haría es destrozar lo que existe. Vistos los derroteros que tomaba el asunto, el Ministerio de Cultura ordenó que se pararan las investigaciones, dejando las cosas como están. Ya se sabe: más vale pájaro en mano…

¿Realmente hay un fresco de Leonardo debajo de aquél Vasari? Existen testimonios escritos de ambos autores en los que uno, el primero, dice que dejó aquello casi sin hacer, y el otro cuenta que muchos años después ya se sabía que:

(Leonardo) Quiso colorear la pared al óleo, e hizo una composición de una mezcla para encolar la pared, que mientras pintaba en dicha sala, comenzó a chorrear, de manera que tuvo que abandonar la pintura.”

El caso es que fue el propio Vasari el encargado de deshacer dicho entuerto. A uno le cuesta imaginar cómo estuvo aquello todos los años que pasaron desde el chorreo leonardino (1505) hasta la redecoración vasariana (1561). ¿Se cascó más de medio siglo un palacio renacentista florentino con una pintura chorreante adornando una de sus más enormes paredes? De ser así, los especialistas en arte contemporáneo deberían reformular algunos de sus antecedentes…

Como buen hombre del renacimiento, Vasari le daba a todo: arquitectura, pintura, escultura e incluso escritura. Casi es hoy más conocido por esto último que por lo demás, a pesar de que hay mucho de él en Florencia, y en los Uffizzi en concreto, que podría admirarnos sobre su faceta de arquitecto. Pero es que de su obra escrita, de su “Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italianos”, echan ineludiblemente mano todos los aficionados al arte de aquella época. También lo hacemos los que simplemente nos gusta el arte, aunque tengamos poca o ninguna idea de ello. El porqué de esto último es lo que hace de la obra de Vasari algo tan especial.

Las vidas es una recopilación de biografías no muy extensas, muchas de ellas incluso muy breves, salpicadas de anécdotas, chascarrillos y algún que otro cotilleo, que hacen de su lectura algo muy ligero y agradable. Tanto que uno no se da cuenta que acompañado de todo ello, va conociendo a una legión de artista y sus obras, de muchos de los cuales no tenía hasta entonces ni la más remota idea de su existencia. El valor de los “sucedidos” que narra el autor –y dejando de lado su veracidad-, es que, por contagio, humaniza las obras de los biografiados y nos permite entender sus diferentes motivaciones.

Hay que imaginar a Vasari pintando, diseñando un edifico o modelando una escultura, y, a la vez, comadreando con todo aquél con el que se encontraba en busca de un recuerdo, un rumor o cualquier otra información que le valiera para sus “Vidas”.

Llegados este punto, creo que hay que ser de palo para no tener ganas de echar un ojo a esto de lo que estoy hablando. Sin necesidad de gastarse un cuarto, existen por la red varias traducciones al castellano de la obra que pueden hacerles disfrutar de su amena lectura. Pero si admiten mi recomendación, les propongo ésta de Anarkasis, por ser novedosa, traída directamente de las ediciones originales italianas de 1550 y 1568, con una frescura y espontaneidad que pocas traducciones han sabido captar del original.

Es posible que así entiendan por qué Vasari, cuando fue encargado de cubrir el chorreo de Leonardo, tuvo el humor y la perspectiva suficientes para adivinar que en el futuro alguien buscaría ese Da Vinci perdido. Y, para hacérnoslo saber, colocó en medio de la batalla de Anguieri una bandera con una frase que yo quiero considerar burlona.

“Cerca trova” (“Quién busca encuentra”)

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