Que Pierre Desmouleux  no citara este pequeño texto en el apéndice de su “Vie de Antoine de Bonfils” dedicado a recopilar las referencias tanto de la obra editada de su biografiado antes del año 1954, como de los textos dispersos, ha vuelto locos durante muchos años a los especialistas en este personaje. Sin embargo, el hallazgo hace menos de una década de sus memorias manuscritas en Lupiac, ha eliminado cualquier duda al respecto. Puede que se trate de un texto menor, de juventud, escrita por una mano inexperta, pero encierra en sus palabras una frescura que a mí, personalmente, me hace apreciarla con especial cariño.

Vaya esta pequeña joya por la Condesa, para que su recuperación sea plácida y suave, como las palabras de Antoine de Bonfils, y perdóneseme el haber trocado la enfermera pidiendo silencio por mi tocayo Mr. Darwin. 

Brilla templada y suave la brisa. La sombra castañea y cruje danzando sobre mí, como el péndulo lo hace cuando anuncia un secreto ancestral. Juraría que en alguna vida pasada estuve siempre así, observando el turquesa imposible de las hojas vivaquear sin fin… Y eso que no recuerdo lo que alberga mi memoria.

De lejos llegan los primeros susurros de la noche, confundiéndose con la llamada a oración de mi parroquia

                 Talán

                                                          Talán

                                                                                                          Talán

 “Les nuages perdues” Antoine de Bonfils (1787)

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