Para los que llevamos ya algún tiempo en esto de los blogs –o cuadernos, como prefiero llamarlo-, se va convirtiendo en una costumbre sorprendentemente rutinaria esto de ir, a cada paso de año, rompiendo el hilo argumental que veníamos arrastrando en anotaciones anteriores, para recordar a nuestros pacientes visitantes que hoy, tal día como el de hoy, nuestro cuaderno, o nosotros como blogeros, hemos cumplido un año más en este mundo virtual.

Me toca el 19 de abril, pues, el de hace ya siete años, es aquél en el que empecé en este negociado con el primero de mis cuatro cuadernos: uno al que llamé Ex Oriente Lux y del que se puede saber –como de los siguientes-, lo que se desee curioseando en los enlaces que hay por algún lugar de la columna que hay a la derecha de este texto.

El caso es que a uno se le queda un poco la mente en blanco cuando le llega el aniversario: ¿qué hago?, ¿qué cuento para celebrarlo? ¿y si no digo nada, y dejo pasar el año sin que nadie se entere, para quitarme esta obligación de encima?… Al principio se puede notar una cierta ilusión por cumplirlos y contarlo, pero con el paso del tiempo uno prefiero seguir navegando por el curso que parecen continuar las anotaciones anteriores.

Bueno, el siete es un número por el que siento un especial afecto, y por eso he querido celebrarlo con vosotros. Para ello, además de todo lo anterior, he pensado en poner a continuación un refrito o actualización –como cada uno prefiera-, del Diccionario Debatziano.

Vamos pues.

Diccionario Debatziano (Edición 2012)

Aguamixa: ya que vamos de diccionario, comienzo con esta entrada extraída del tomo I de la Encyclopédie, y escrita por mano de Diderot. La transcribí tal y como sigue hace tiempo, y siempre me ha parecido, además de graciosa, bastante significativa de los tiempos en los que aún vivimos: “Aguaxima, una planta que crece en Brasil y en las islas de América Central. Esto es todo cuanto se nos dice de ella. Y a mí me gustaría saber para quién se hacen descripciones como ésta. No puede ser para los nativos de la región, quienes obviamente conocen más características de la aguaxima que las que incluye esta descripción y que no tienen mayor necesidad de ser informados de lo que crece en su propia tierra: sería como decirle a un francés que el peral es un árbol que crece en Francia, Alemania, etc… Tampoco está hecha para nosotros; porque ¿qué puede importarnos que crezca en Brasil un árbol llamado aguaxima, del que desconocemos todo salvo el nombre? ¿A quién puede resultarle útil saberlo? Deja en la ignorancia a quienes ya lo estaban antes; no enseña nada a nadie. Si menciono esta planta, y varias otras igualmente mal descritas, es en atención a aquellos lectores que prefieren no encontrar nada en un artículo de Diccionario, o incluso encontrar una estupidez, a echar de menos el artículo en cuestión.”

Al fin del mundo: para mi tercer libro –o segundo y medio, según se mire-, decidí pasar al papel mis recuerdos y vivencias en el Camino de Santiago cuando lo recorrimos yo y Larrouge allá por los años 2005-2006. Si no fuera el autor, diría con total libertad que es una lectura absolutamente amena y recomendable. Además de diferentes reseñas que algunos buenos amigos han dedicado generosamente al libro en sus cuadernos, he tenido la fortuna de contar con el apoyo desinteresado del Boletín Mundicamino –una institución en el mundo jacobeo- en sus últimos números, que incluso me está ayudando a comercializarlo; también se ha publicado una favorable reseña en el último número de la revista “Camino de Santiago”. Esto, además de ser una importante inyección de ánimo, ha impulsado algo la venta de mi libro.

Anotación: la primera, del 19 de abril de 2005. Desde entonces, y si no me salen mal los cálculos, han sido alrededor de 240 anotaciones de las más variadas extensiones y temáticas, escritas durante mucho tiempo con una periodicidad mínima semanal.

Armagnac: por esas cosas que se dan ahora tan a menudo de celebrar y crear aniversarios a cuenta de todo, este 2010 es, además de post-bisiesto, jacobeo, de Chopin, Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, e Internacional de la Biodiversidad; es también según parecen manifestar quienes están interesados en hacerlo, el del 700 aniversario del Armagnac ¿Cómo, que antes de aquella fecha no lo conocían, no existía?, ¡pobres generaciones aquellas que no pudieron consolar sus fríos, o animar sus fiestas con siquiera un breve sorbo de tan hermoso placer!. Pues no, tampoco es eso. Se trata del aniversario de la primera mención escrita al “eau de vie” que existe, escrita por un tal Vital Dufour, prior en Eauze de la Gascuña, en la que considera que el tal aguardiente tiene “40 virtudes para conservar la salud y mantenerse en buena forma”.

Del Armagnac, si no recuerdo mal, se ha hablado siempre indirectamente en los tres cuadernos, muchas veces en los comentarios, aunque no por ello se le resta el protagonismo que merece en todos los encuentros y celebraciones de los que se ha hablado a lo largo de este tiempo.

Baradelle: este juguete científico ha sido el protagonista de muchas cosas en lo que a mi supone. Di con él mientras investigaba sobre la vida de su propietario, para lo que luego sería el libro del Conde de Fuentes. Desde la primera vez que vi su fotografía quede absolutamente enamorado de la pieza, no sé si más por su belleza o por pensar que con ella jugaron de pequeños el protagonista de mi investigación y su hermano. Imagino que habría de las dos cosas. El caso es que fue lo primero que busqué cuando visité el Louvre unos meses después, y puedo contar que casi no lo vemos, pues todas la salas anejas estaban cerradas, y solo por estar en una vitrina que daba a una escalera del museo, permanecía accesible. Eso sí: en un rincón apartado y oscuro de aquél descansillo.

De aquella visita, de lo que entonces estaba investigando, y de alguna que otra lectura que tenía entre manos, hice una serie de anotaciones dedicadas a la caja Baradelle: “Los singulares efectos de una tormenta”“Hambre”“El príncipe de los anticuarios”, y“Melancolia”. A las cuatro les guardo un especial cariño, más aún cuando todos aquellos que habéis tenido el enorme detalle de leer mi libro y remitirme unas líneas comentándolo, coincidís casi con total unanimidad en advertir una breve mención en el mismo a dicha caja, que no era otra cosa -como también señaláis- que un guiño que esperaba vuestro encuentro. Aprovecho para volver a daros las gracias por el esfuerzo que supone esa lectura, y por el detalle de remitirme además unas líneas de comentario…

Bonfils, Antoine de: llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de simular un post de corte histórico, con el objeto de ver hasta que punto somos capaces de engañar, o ser engañados, por medio de unos datos y cifras que aparentemente tienen algún fundamento. Así es como nació “La extraordinaria historia de Antoine de Bonfils”, y lo que obtuve fue algo muy diferente: uno de esos personajes a los que cogí especial cariño y al que volví en algunos post posteriores. Hice algo parecido mucho después, pero en lugar de con un personaje, con una obra literaria en “Las muertes de Figaro”. Por cierto que hay en él –y también se puede ver en la misma portada que acompaña al texto- uno de los tantos guiños que gusto de insertar en mis anotaciones.

Compagnons: somos varios los que utilizamos este término y, si no confundo su empleo, va inicialmente referido a aquellos que, por el año 2006, coincidimos amueblando nuestras bitácoras en torno a aquellas “La parte por el todo” que organizaba nuestra amiga Vailima. Allá tuve la fortuna de conocer, además de a la mencionada, a algunos de mis más queridos amigos bitacoreros: Vere y HerriAnarkasis, Ladydark y Jafatrón. Después, aparecieron por mi cuaderno, o yo por el suyo que no lo recuerdo, otros tan apreciados como SalamandraItoiz, Migratoria, LeodegundiaGoathemalaIsabel RomanoFreiaChela, y un largo etcétera de personas que he tenido el placer de conocer a través de la cosa esta de las bitácoras. Además, guardo un especial cariño por Medea y Raúl -cerrados están desde hace ya tiempo sus cuadernos-, quienes me acompañaron con sus primeros comentarios en los largos y solitarios inicios del Ex Oriente Lux. ¿Qué habrá sido de ellos?; es la pregunta que inevitablemente se hace uno. Me vale con suponerles disfrutando de una buena vida.

Sobre el significado del término compagnon se cuenta algo en“Charlois le bruit dans la tete”.

Daghyem, Ismail: no recuerdo a santo de qué, leí un artículo muy interesante sobre las plagas de langosta, y se me ocurrió contar lo que hay en Ismail Daghyem. El caso es que, y no es la primera vez, el invento circunstancial se convirtió en algo muy querido para mi, le cogí el gusto al personaje, y algún tiempo después volví a relatar algo de él. Creo que su marca es la de un hombre de frontera, cronológica y culturalmente hablando, que observa como espectador un mundo que está desapareciendo.

Encantadora de serpientes, La: según el chivato ese de visitas que tengo puesto por algún lado de mi cuaderno, es la que lleva dicho título la anotación más visitada –por mucho-, del pobre cuaderno al que llamé Tornavientos. Afortunadamente, sé que se trata de la curiosidad por determinados temas lo que hace llegar ahí a los lectores, y no los gustos y preferencias manifestadas de entre todo lo que tengo anotado en mis cuadernos. En ese sentido, quizá me sienta más satisfecho con la que lo fue en el primero de mis cuadernos-Le vi leer silenciosamente…, que ha sido además mi entrada con mayor número de comentarios, según veo en otro contador de esos que ponemos en las bitácoras.

Ex Oriente Lux: es el nombre que di a mis dos primeros cuadernos. ¿Por qué?, pues seguramente por haber llamado así a alguna otra cosa que inicié con anterioridad, cuando me dio por un orientalismo absoluto. Tampoco tengo muchas más ganas de hablar de esta entrada.

Grafitos: para quien haya seguido estos cuadernos, sabrá que mi afición por los grafitos me ha llevado a coleccionarlos –fotografiados, claro está-, y a encontrar en muchos de ellos historias tan reales como increíbles –la que tiene que ver con la novela“El último mohicano”-, curiosísimas casualidades, e incluso conmovedoras historias. No recuerdo, pero son muchas las entradas que he dedicado al tema a lo largo de mis cuadernos.

Iago: es muy difícil expresar lo que siento, lo que me ha cambiado y el modo en que me hace enfrentarme a las cosas del día común, la llegada de este pequeño grumete que es mi hijo. Lleva con nosotros cerca de tres años y tres meses, y no imagino la vida sin él. Es travieso, inagotable, y no para de moverse.

Laberintos: no se si cansado de Blogger o simplemente con ganas de probar el WordPress, del que tan bien me había hablado, abrí mi cuarto cuaderno bajo este título en septiembre de 2011. Como me ha ocurrido siempre, hice el cambio con la intención de reinventarme un poco –aunque siempre termino de una manera muy parecida-, y espantar las tentaciones que tenía de dejar definitivamente los blogs.

Larrouge: es mi reflejo, la responsable de lo mejor que puede haber de mi. Muchas veces mi inspiración, y en todas coprotagonista de parte importante de las historias que se narran en mis cuadernos. A ella están dedicados exclusivamente algunos textos, como aquél “A una peregrina pelirroja” o “Al fin y al cabo”.

Nubes: durante mucho tiempo, colgaba imágenes de nubes en mis anotaciones cada vez que pensaba en ausentarme durante un tiempo, bien fuera porque me iba de vacaciones o bien para tomarme un simple descanso. La verdad es que terminó por resultarme una fórmula muy cómoda, pues no tenía más que encabezar un escrito con una fotografía nublada, para que quienes más me conocían supieran de qué se trataba.

Onara: es el pueblo de mis abuelos, y aquél en el que pasé largas estancias en mi infancia. De él guardo un recuerdo bastante extraño, pues es en Onara donde, más que en ningún otro lugar, sentía que en un mismo espacio se pueden vivir tiempos muy diferentes. Difícil de explicar, pero así es.

Jugando con aquellos recuerdos y algunas lecturas, conté la imposible historia de amor de Marcos/Cicerón y Teresa/Marie en Cicerón y Marie Solitude. Antes, y creo que por primera vez, mencionaba a Onara en el “Romance del bandido”.

De un Pedro Onara, apellidado curiosamente del mismo modo que el pueblo, cuento algo en mi última anotación “Camino de Toledo”, explicando que voy a empezar a investigar sobre la vida de este curioso personaje. Quizá haya contribuido a ello, además de lo que cuento en dicha anotación, la coincidencia del apellido.

Pignatelli, Armando: es el personaje de cuya biografía soy coautor (“El conde de Fuentes. Vida, prisiones y muertes de Armando Pignatelli”, IFC 2009). De ello se habla algo en la entrada referido a Baradelle.

Temblón, El: lo pasé muy bien escribiendo el “Romance del bandido”, que es donde aparece el personaje de ese nombre. Fue un experimento que hice al terminar una lectura de “Viejas historias de Castilla la Vieja” del gran Delibes, y aunque poco tiene que ver con lo que en él leí, imagino que de alguna de sus páginas me vino la idea. Volví a repetir la experiencia un tiempo después cuando conté la historia del Chauffeur que se hizo con la caja Baradelle.

Tornavientos: el nombre me lo dio la casualidad cerca de tres meses antes de que abriera el cuaderno. Estando en Mirande, un pueblo de la Gascuña, di con un callejón que tenía la curiosa apelación de “Passage du vent qui tourne”; me gustó por lo lleno de evocaciones que estaba, y le hice una fotografía pensando en que para algo podría servirme algún día. Más o menos eso es lo que cuento en la primera entrada de ese cuaderno.

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