Los que seguís este y mis anteriores cuadernos sabéis de los fuertes lazos de afecto y proximidad que me unen a Ignacio P., persona de la que ya he hablado en alguna ocasión anterior. Se que no es amigo de estas cosas, y que según esté repasando estas líneas con mirada censora estará moviendo la cabeza de izquierda a derecha diciendo

– !Noo, noo, noo!-, pues le disgusta que saquen su nombre a la luz y hablen de él en términos laudatorios.

Va a tener que aguantarse y seguir leyendo, o apagar el ordenador y ocultarse bajo las sábanas de su cama, pues quien esto escribe piensa hacer algo que él mismo hubiera hecho si no fuera tan retraído y enemigo de la pompa y el festín. Me refiero a hablar de su nuevo libro, segundo o tercero según se mire, que lleva el sugerente título de “Al fin del mundo”.

Como viene siendo costumbre en su autor, esta obra no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores: es quizá más fresca, espontánea, colorida y llena de vida. No se trata de ningún estudio histórico, ensayo o novela, es… dejemos que sea el mismo libro quien se presente:

“es el diario de un peregrino. Un cuaderno de viaje en el que el lector acompañará a sus protagonistas desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela y Finisterre, compartiendo con ellos sus encuentros, vivencias y aprendizajes. Es un relato real, transcrito a pie de etapa, del tránsito a una vivencia que transcurre al margen de la existencia cotidiana”

Efectivamente, su autor recorrió hace ya algunos años el Camino de Santiago acompañado de un block de notas, una cámara de fotos y una pequeña grabadora donde iba registrando sus encuentros y vivencias personales, que luego le sirvieron para escribir lo que ahora presenta en forma de libro.

Los que le conocemos y hemos seguido los diferentes blogs que ha ido sembrando por la red, encontraremos más de un guiño entre sus páginas, incluso el desarrollo de algunas historias y reflexiones que publicó en ellos hace ya tiempo…

“Al fin del mundo” es un libro ameno, relajado y lleno de referencias, curiosidades e interesantes reflexiones alejadas de esas pretensiones pseudomísticas que tanto se dan en obras de este tipo. Son más de 400 páginas que se leen casi de tirón, lo cual no es poco, y encierran entre sus líneas pequeñas joyas que puede que animen a más de uno a abandonar la lectura y salir al Camino, a cualquier camino que pueda acercarle un poco más a sí mismo.

“Durante un tiempo hemos formado parte de ese torrente que golpea con fuerza el umbral de lo divino. Es lo único que no debemos olvidar.”

Leed “Al fin del mundo” y disfrutaréis del placer de conocer un buen libro.

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